Pongamos que has conocido a alguien que te gusta, que habéis comenzado a hablar, y que finalmente habéis fijado un día para conoceros y cenar juntos. Imagina que la cita va de maravilla, no paráis de hablar, hay muchísima química y la comida esta ríquísima. Tras largas horas de charla, dais por terminada la cena, llamáis al camarero, os saca la cuenta y…¿quién la debería pagar?

Este insignificante detalle, el hecho de pagar una consumición, puede dar al traste con tu maravilloso encuentro, y con todas las expectativas que tenías puestas en él. Es muy complicado establecer quién debe pagar, pues dado que en la sociedad, la igualdad de género está muy arraigada, hay que ser cuidadosos para no «meter la pata» en este delicado momento de la cita.

Normalmente, el hombre era el que «debería» pagar la cuenta de la cena, pero como ya he comentado, los roles han cambiado mucho de unos años a ahora. Eso no quiere decir que él no tenga que invitar nunca, sólo que hay que fijarse mucho en la otra persona para no acabar hiriéndola.

Si eres un hombre, y has quedado con una mujer para cenar, escucha lo que ella cuenta de sí misma. Si es una chica moderna, si es más bien feminista, o si es de mentalidad antigua. Normalmente te aconsejaríamos que para no quedar mal, fueras tú el que te adelantases a pagar.

Hazlo de forma caballerosa, como si para ti fuera de lo más normal del mundo, no te detengas mucho tiempo a mirar la cuenta, ni pongas caras raras si te parece caro. Si ella se ofrece a pagar, declina su invitación amablemente; si insiste, dile que: «ella pagará la próxima» y así, si te ha gustado, volveréis a quedar (y obviamente no pagará ella); si insiste un poco más, proponle pagar a medias; si finalmente se obceca, déjate invitar, tómatelo con humor, y agradéceselo humildemente, pero no te niegues, puede que a ella le siente mal.

Si eres mujer, termináis de cenar, sacan la cuenta y ves que el no se ofrece a pagar, pueden haber varias alternativas. Una sería que te diese igual: «tenías pensado invitarle tú» con lo cual, pagues la cuenta sin el menor miramiento. Otra sería que no te pareciese justo, pero lo entendieses: en ese caso, pon la mitad de la cuenta y sonríe, mientras esperas que él se de por aludido y ponga su parte. O por el contrario te parezca fatal, no quieras volver a verle, te parezca lo más ruin y horrible: entonces ponte la chaqueta y di que tienes que llamar urgentemente a tu abuela, sal tranquilamente del restaurante y……»si te he visto, no me acuerdo».

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